³ Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, ⁴ según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, ⁵ en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, ⁶ para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, ⁷ en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, ⁸ que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,
²⁶ pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; ²⁷ porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. ²⁸ Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. ²⁹ Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa. ¹ Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; ² sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. ³ Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. ⁴ Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, ⁵ para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. ⁶ Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! ⁷ Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.
Texto bíblico Reina-Valera 1960® © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Derechos renovados 1988, Sociedades Bíblicas Unidas.
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