¹ Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: ² En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. ³ Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. ⁴ Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. ⁵ Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; ⁶ y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, ⁷ y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. ⁸ Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. ⁹ Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. ¹⁰ Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. ¹¹ El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. ¹² Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Texto bíblico Reina-Valera 1960® © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Derechos renovados 1988, Sociedades Bíblicas Unidas.
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