¹⁰ Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. ¹¹ Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. ¹² Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. ¹³ Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. ¹⁴ Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, ¹⁵ y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. ¹⁶ Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. ¹⁷ Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; ¹⁸ orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; ¹⁹ y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, ²⁰ por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.
Texto bíblico Reina-Valera 1960® © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Derechos renovados 1988, Sociedades Bíblicas Unidas.
0:00
0:00