¹ Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. ² Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. ³ Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. ⁴ Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse solo respecto de sí mismo, y no en otro; ⁵ porque cada uno llevará su propia carga. ⁶ El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye. ⁷ No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. ⁸ Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. ⁹ No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. ¹⁰ Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.
Texto bíblico Reina-Valera 1960® © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Derechos renovados 1988, Sociedades Bíblicas Unidas.
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